miércoles, 16 de mayo de 2018

Lectura crítica: "La colmena"


Leer a un nobel siempre es misión compleja y arriesgada por el propio peso del premio y por la predisposición a la que éste te hace estar. Un Nobel siempre es un reto además, ya que por norma general los premiados suelen ser escritores bastante desconocidos antes de que se les conceda, al menos fuera de las fronteras de sus respectivos países, y vuelven a serlo una vez pasa la euforia de la concesión y la entrega del mismo; pocos son los autores a los que un Nobel les sitúa para siempre en la esfera de la fama mundial de la literatura. A Cela el Nobel le llegó en su plenitud, siendo muy conocido ya en España, no solo por sus libros sino por su fortísima personalidad y quizá también por su pasado como censor del régimen. Premiado además con el Príncipe de Asturias y el Cervantes, y académico durante más de cuatro décadas, Camilo José Cela es uno de los grandes escritores del siglo XX en España guste o no ya que como todo en la vida para gustos están los colores.

Pese a que Cela es una de las figuras referente de las letras españolas, es un autor al que he tenido bastante abandonado. Hace un par de años leí “La familia de Pascual Duarte” y desde entonces he estado buscando la oportunidad de seguir leyendo su obra. Esto ha sido así hasta el pasado Día del Libro cuando mis padres me regalaron “La colmena”, quizá su obra más famosa y probablemente la más leída de Cela. De por sí esto no hace que esta novela sea la mejor de su autor, aunque probablemente con tanto consenso sea así, cosa que aún no puedo afirmar con rotundidad ya que solo he leído dos novelas del escritor gallego.

Puede quedar pretencioso que un pipiolo lector como soy yo se ponga a criticar y reseñar “La colmena” siendo todo un clásico de las letras patrias como es, pero en su día me propuse hablar de todos los libros que pudiera fuera cual fuera su autor, su año de publicación o su temática. También que poco de lo que diga podrá añadir nada a todo lo dicho ya sobre esta novela, y por tanto la originalidad de mis comentarios quedará en segundo plano.

De “La colmena” ya se ha dicho todo o casi todo pero para mí esta novela es uno de los grandes frescos sobre Madrid que hay en la literatura. Hay quien la tacha de novela social costumbrista en la que impera la descripción de las clases populares de la posguerra española, sin embargo yo prefiero verla como un retrato, quizá el más fiel, de ese Madrid que por suerte o por desgracia se perdió hace tiempo casi por completo pero que de vez en cuando, y sobre todo en algunos rincones del centro sigue resonando como un eco en una cueva. Esta novela es una novela de cafés, de calles, de plazas, de paseos; es una novela de la calle, de barrio, de ciudad; por eso dije al principio que este libro es un libro de Madrid, de sus calles, sus barrios y sobre todo, y por encima de todo también, de sus gentes.

No se puede hablar de “La colmena” sin decir que es una novela coral en la que no hay un protagonista ya que el protagonista principal es la gente, sus vidas, sus desventuras, sus devaneos, su intrahistoria como diría Unamuno. No puedo destacar ninguno porque todos me parecen reseñables. Sí es verdad también que hay varios personajes que aparecen durante toda la novela, Doña Rosa la dueña del café donde van a tomar algo muchos de los personajes del libro y que por tanto es uno de los escenarios principales, Julita y su familia y su novio, las diferentes mujeres de compañía… A pesar de esta multitud de personajes y nombres e historias el lector al final va poco a poco haciéndose una composición de lugar bastante clara y al final va recordando nombre que al acabar de leer le resultan familiares, como conocidos de toda la vida.

Aunque pueda parecer lo contrario “La colmena” es una novela de una profundidad muy relevante, tanto en el carácter y definición de los diferentes personajes, ya sea que aparezcan una única vez en la narración o acompañen al lector hasta el final, como en los temas que Cela quiso reflejar en el libro. No hay que olvidar que la novela no pudo ser publicada originalmente en España debido a la censura franquista, cosa que desde una perspectiva temporal actual resulta chocante ya que en la novela no encuentro nada que pueda resultar de mal gusto, ni que atente contra ninguna moral de manera grave. Es cierto que uno de los principales temas que Cela trata en el libro es el adulterio, la infidelidad y los devaneos y escarceos sexuales, cosa que probablemente haya pasado, pase y pasará toda la vida.

Otro de los temas principales de “La colmena” es la prostitución y la existencia de “queridas” y así muchos de los personajes más entrañables, y a la vez protagonistas de las escenas más duras, del libro son prostitutas y queridas de señores casados y con familias asentadas y trabajos más o menos respetables. Quizá estos temas fueran los que en su día sirvieron a la censura para prohibir que la novela fuera publicada en España, cosa que también dice muy poco del nivel cultural e intelectual que había por aquella época, primera época del Franquismo, en este país.

Pero como dije al principio de la reseña “La colmena” es una novela de Madrid sobre Madrid. Cela hace de Madrid un protagonista esencial de la novela y su trama, es la colmena del título del libro, ese lugar en el que viven, malviven y sobreviven las decenas de protagonistas que pasan por las páginas de esta novela. Cafés ya desaparecidos, casas de comida, imprentas, casas de citas, lecherías, pero ante todo calles y plazas y estaciones de metro. Los barrios de Ventas, Chamberí y Malasaña, calles de la Latina y el barrio de las Letras, esquinas del barrio de Salamanca. Cela compone casi un mapa viviente del Madrid de la posguerra con sus gentes humildes todas ellas, de trabajos manuales y rutinarios; tertulias de cafés, conversaciones puntuales por la calle entre conocidos y vecinos, confidencias a la luz de la luna y las farolas de gas, secretos guardados por los tabiques de habitaciones de pensiones de la calle Montera. Todo Madrid está concentrado en esta novela y el Nobel gallego supo hacer de la capital de España esa colmena pequeña pero abigarrada de gente y vida.

No voy a añadir más y simplemente quiero concluir diciendo que la lectura de “La colmena” debería ser una obligación para todo lector y amante de la literatura, española al menos. Es una novela que podrá gustar más o menos, resultar más o menos original teniendo siempre en cuenta la época en la que fue escrita, o que resultará más o menos entretenida, pero creo que debe ser leída y posteriormente reposada. Además no hay excusa para leerla ya que el estilo y el lenguaje que Cela usó para este libro son coloquiales y nada elevado y por ello su lectura es sencilla y rápida. Luego lo dicho, quien no haya leído esta novela debería hacerlo ya que siempre será uno de los referentes de la novela española del siglo XX, y además es nuestro Nobel más reciente, cosa que de por sí ya merecería nuestro respeto.

Caronte.

jueves, 26 de abril de 2018

Lectura crítica: "La tragedia del girasol"


No puedo negar que la narrativa negra o noir siempre ha sido uno de mis puntos fuertes, o débiles según se mire, y por ello cuando tengo la oportunidad de descubrir nuevos autores en este género tan de moda últimamente me lanzo a la piscina sin pensar mucho. También es verdad que leo menos novela negra de la que me gustaría ya que por norma general, los autores tienen la “manía” de escribir sagas de detectives; sagas que por norma general no se quedan únicamente en una trilogía (saga por excelencia de la literatura) sino que en muchas ocasiones se alargan hasta el infinito terminando por resultar repetitivas y en bastantes casos también muy previsibles. Por ello también viene bien que en el género negro se vayan incorporando nuevos autores “frescos” aún, no contaminados con los vicios del escritor profesional de thrillers policiacos. Benito Olmo, el autor de la novela de la que hablo hoy, es uno de esos autores aún no contaminados que aún se pueden considerar principiantes en este mundo oscuro y viciado de la novela criminal.

La tragedia del girasol”, cuarta novela de Olmo, es un noir clásico, efectivo, entretenido y adictivo por momento. Para no desvelar mucho de la trama, ya que en una novela negra ésta es fundamental y cualquier filtración o destripe (spoiler) antes de tiempo es mortal para cualquier lector, se podría resumir en que el protagonista Bianquetti policía en suspensión de empleo se ve envuelto en una guerra oscura entre dos clanes en la Bahía de Cádiz; esta guerra tendrá una serie de daños colaterales (como todas las guerras que ha visto, ve y verá el mundo) que tocarán de cerca a Bianquetti y que le harán, a él y al lector, pasar momentos muy malos.

Como toda buena saga de novela negra, “La tragedia del girasol” cuenta con un protagonista ya presentado en otra novela anterior: el policía Manuel Bianquetti (generalmente siempre mencionado por su apellido únicamente). Pese al apellido eminentemente italiano, Bianquetti es tan español como la paella, cosa que me hace pensar que aquí Olmo peca de presuntuoso al querer dar ese toque exótico a un policía español, como si simplemente el ser español no fuera gancho suficiente para atraer a los lectores (¿un Manuel Ochoa no hubiera sido buen nombre?). Y como todos los protagonistas de novelas negras, Bianquetti tiene a sus espaldas un pasado turbio, que nunca le deja de perseguir y que hace que muchas de las partes de su biografía aún sean lagunas de profundidad infinita y por tanto insondables.

Pero “La tragedia del girasol” no gira solo en torno a Bianquetti, sino que hay todo un elenco de personajes secundarios que hacen que el plantel en conjunto resulte “entrañable”, aunque no creo que este adjetivo sea muy usado en este tipo de narrativa. Y sigo entrañable porque a todos los personajes se les coge o asco o cariño (un cariño con peros, pero cariño, al fin y al cabo). Cristina, Silva, Morgado, Regina, Mary, Leo y Carlo Ferraro, Sergi y Gregori, Osorio… Todos son nombres que aparecen a lo largo de las páginas de esta novela y que van haciendo al lector reír, llorar, asustarse y sentir pena y lástima, repulsión y asco. Pero es lo que tienen las novelas negras, al menos las que son buenas o medianamente buenas, como es el caso: que enganchan al lector quizá no por la historia en sí, sino por unos personajes a los que uno termina atado de una manera u otra.

Un gran punto positivo de “La tragedia del girasol” es que Olmo ha sabido transmitir no solo una historia efectista al lector, sino que encima la ha ubicado en una zona con un paisaje muy reconocible: Cádiz. Es de agradecer también el diseño del libro que en el interior de las solapas han dibujado sendos mapas de Cádiz y su Bahía, señalando con flechas y puntos los lugares en los que se desarrolla la acción de la novela, consiguiendo así que el lector avezado (yo no lo soy hasta tal punto) pueda recorrer y ver cómo son los lugares en los que Bianquetti y los demás personajes del libro se mueven, sufren, matan, sangran y muelen a palos.

Otro de los puntos a destacar de “La tragedia del girasol” es su facilidad de lectura. Yo por ejemplo en tres días de ir y venir al trabajo he dado término a casi 400 páginas de novela. No sobra ni falta ninguna página, y desde la primera se logra convencer al lector que se acerca a la novela para que la termine. Es un libro entretenido en el que los recursos típicos del noir, bastante bien usados por Olmo, como los giros inesperados en la trama (salvo alguno que se puede intuir casi desde el principio), hacen su trabajo y he de decir que, de forma bastante efectiva, ya que por momentos durante su lectura me he sentido atrapado por el libro.

Sin embargo, no todo es bueno y “La tragedia del girasol” tiene algunos puntos en los que flaquea algo. El principal, y este es casi un capricho mío, es el título. Personalmente a mí el título no me gusta nada ya que creo que no tiene absolutamente nada que ver con la novela que encierra tras de sí. Para mí un título tiene que estar siempre relacionado con la novela a la que nombra de manera directa o simbólica. En este caso sería de manera simbólica con una analogía que Olmo hace de uno de los personajes y un girasol; analogía a la que yo no he visto ni pies ni cabeza. Pero para mí el punto más flaco de la novela, y que creo que está metido con calzador, es la historia secundaria que se narra a la sombra de la trama principal ya que sinceramente no aporta nada a la trama principal y simplemente está para que el autor no se complique la vida al quitar de en medio a uno de los personajes involucrados en ella intentando ser efectista con la tensión que eso provoca en los otros personajes.

En definitiva: “La tragedia del girasol”, pese a sus obvio puntos débiles, es una novela negra muy efectiva, entretenida ya que no deja al lector impasible en ningún caso, adictiva desde la primera página y muy sucia (sucia en el sentido de una novela negra en la que la sangre, la violencia, la falta de ética y de moral, hacen que el lector se meta en un mundo que muy probablemente le sería ajeno si no fuera por novelas así). Sus puntos negativos son propios de un autor no viciado aún, no pulido en el género; pero también de un estilo narrativo que ha irrumpido en España a golpe de ventas y moda y por tanto las novelas que a su albur se escriben suelen adolecer de este tipo de debilidades, cosa lógica por otro lado. Aun así, creo que esta novela cumple con su función, y Benito Olmo es un escritor que puede llegar a dar que hablar en un futuro no muy lejano.

Caronte.

miércoles, 4 de abril de 2018

Lectura crítica: "Life after life"


El penúltimo día de mi último viaje a Londres entré en una de las librerías más importantes de la capital inglesa, la sede de Waterstones en Piccadilly, con el objetivo de comprar unos cuantos libros, algunos de los cuales llevaba pensados. Sin embargo, una vez dentro rodeado de esa inmensa cantidad de libros en metros y metros de estanterías, me sentí incapaz de elegir ninguno entre tantos títulos que me llamaban la atención. Al final uno de los libros que compré, del que voy a escribir hoy, lo hice después de preguntar a un amable librero sobre un libro que se ambientara en la IIGM y más en concreto en los bombardeos de Londres durante el llamado Blitz que sacudió la capital inglesa en el otoño invierno de 1940. Este es un tema, y una parte de la guerra, que siempre me ha llamado mucho la atención y del que tenía muchas ganas de leer. Por eso cuando el librero de Waterstones me recomendó este libro no lo dudé y, pese a su gran extensión, me lo compré.

Life after life” es un libro al que llevaba tiempo siguiendo la pista ya que en su día ganó el Premio Costa de Literatura, quizá el segundo más importante de las letras inglesas tras el Booker. Sin embargo nunca me había atrevido ni a leerlo ni a investigar más ni a intentar saber algo más sobre él, cosa de la que ahora me arrepiento porque me he encontrado con una novela que ha superado todas mis expectativas previas, y eso que eran bastante altas.

Como he comentado al principio de pasada “Life after life” se ambienta en gran parte en los bombardeos que sufrió Londres durante la IIGM, el llamado Blitz de Londres. Sin embargo no es una novela que trate sobre la guerra ni tan siquiera sobre los bombardeos de Londres. No. Esta es una novela diferente, totalmente original en su formato y en su manera de narrar. Es una novela con múltiples principios y por tanto múltiples finales. En definitiva es una novela en la que el lector se enfrenta a la disyuntiva de cómo hubiera sido la vida si hubiera hecho esto o aquello, si en lugar de tomar una decisión hubiéramos tomado otra. Es la pregunta “¿qué hubiera pasado si…?” la protagonista de toda la trama.

Life after life” narra la vida de Ursula Todd, nacida un día de temporal de nieve de noviembre de 1910 que muere ahogada por su cordón umbilical; y también la vida de Ursula Todd nacida una blanca noche de noviembre de 1910 que muere ahogada en la playa apenas unos años después; y también la vida de Ursula Todd nacida una blanca noche de noviembre de 1910 y que se casa con un alemán y tiene que pasar la IIGM en Alemania y muere mientras Berlín está siendo liberada; y también la vida de Ursula Todd nacida una blanca noche de noviembre de 1910 y casada con un inglés que parece modélico pero que encierra a un monstruo que hace de su matrimonio su tumba; y también la vida de Ursula Todd nacida una blanca noche de noviembre de 1910 y que vive una vida normal dentro de lo que cabe sirviendo como funcionaria pública durante la IIGM y que muere tranquilamente de anciana. Podría seguir así un poco más pero en el fondo esta novela no es una sino varias.

Antes también he dicho que “Life after life” ha superado con creces mis expectativas previas. Y es así. Esta es una novela adictiva de principio a fin; tiene algo este libro que lo hace ser excepcional y es que el lector se mantiene pegado a él desde el primer capítulo, apenas tres hojas, en las que se nos presenta una escena en la que una mujer, Ursula, asesina a un alemán al que llama fuhrer. ¡Qué más se puede pedir! Yo diría que poco más se puede pedir a una novela que empieza matando a Hitler para seguir matando a la que debe ser su protagonistas antes incluso de nacer. Por eso digo que la novela me ha mantenido pegado a sus páginas todos los días que la he estado leyendo, con sentimientos enfrentados de querer seguir leyendo y no querer acabar la historia.

La originalidad de la novela es incuestionable en cuanto a estilo y forma narrativa. Pero además “Life after life” sigue la tradición clásica de la novela familiar británica y su autora, Kate Atkinson (por cierto una mujer prodigio en la narrativa británica) nos muestra, en todos los escenarios y vidas de Ursula, desde varios ángulos y con varios desarrollos y desenlaces los trances de la familia Todd: una familia acomodada que vive a las afueras de Londres en una casa grande con terrenos propios, sirvienta y cocinera; con sus fiestas; sus días al sol; sus pocas preocupaciones; sus horas del té. Y si Ursula es un personaje enigmático que durante toda la novela tiene un halo de misterio a su alrededor, su familia no es menos atractiva: una madre obsesionada con las apariencias; un padre que pasa de todo y únicamente trabaja y se preocupa por sus hijos; una tía, Izzi, adelantada a su época; unos hermanos cada cual de su padre y de su madre.

Es reseñable también cómo se narra en “Life after life” el Blitz: con crudeza, realismo y sentimiento. No puedo sentir más que agradecimiento por el librero que me recomendó esta novela y me hizo comprarla porque sinceramente es la novela que llevaba tiempo queriendo leer. El mismo Londres que tanto amo es el que sale en las páginas de este libro, el que recorre Ursula con sus amantes o su tía o ayudando a evacuar a los vecinos de su calle mientras suenan las sirenas que anuncian el bombardeo inminente, el que termina destruido por esas mismas bombas que sesgaron la vida de miles de personas que después de cada noche de truenos se levantaban e iban a trabajar, si es que su lugar de trabajo o vivienda seguían de pie, con total normalidad, con estoicidad británica.

Para acabar es bueno que diga que “Life after life” es una especia de caja de bombones, como diría Forrest Gump, y cada uno de los capítulos tiene un sabor diferente y deja al lector con sensaciones diferentes, lo que hace de esta novela un libro tremendamente fascinante y asombroso que uno se alegra de leer y se entristece por acabar. No sé si se habrá dicho en algún sitio, pero tengo la sensación de que esta novela se podría leer de manera totalmente desordenada sin que la experiencia global de lectura cambiara lo más mínimo ya que, a pesar de que todas las historias tienen nexos en común y referencias constantes, el orden de lectura bien podría ser diferente. Pero eso lo dejo a algún lector valiente que se atreva con esta novela cuya lectura recomiendo vivamente, ya que para mí es una de las grandes novelas que llevo leídas este año.

Caronte.

jueves, 22 de marzo de 2018

Lectura crítica: "Un millón de muertos"


Lo he ido retrasando sin darme cuenta, poco a poco, pero sin perder de vista el objetivo final que era leer este libro. Y la oportunidad me surgió de golpe en Córdoba donde en una librería de segunda mano, muy curiosa ya que ocupaba el lugar que antaño ocuparía una pescadería o carnicería o frutería en el mercado de la ciudad, el pasado mes de enero, durante mi primer viaje a la ciudad califal, donde di con este libro en formato bolsillo después de haberlo buscado en Madrid por muchas librerías de segunda mano y no habiéndolo encontrado en ninguna. Es lo que tiene las casualidades, que se presentan si avisar y a uno le alegran la existencia, o un viaje, o una determinada experiencia de la que no espera una sorpresa así. Gracias a esta conjunción misteriosa entre destino y vida he podido avanzar en esta trilogía sobre la Guerra Civil Española de José María Gironella que empecé hace ya unos años con “Los cipreses creen en Dios”, libro que ya reseñé en el blog.

Si en la primera de las novelas de esta trilogía sobre la Guerra Civil que destruyó España, Gironella narraba el por qué se llegó hasta la odiosa guerra; en “Un millón de muertos”, novela de título al menos llamativo, se narra el durante de la Guerra, desde el estallido de la misma hasta el mensaje que se lanzó el primero de abril desde Burgos dando por finalizado el conflicto. La novela empieza justamente en el mismo instante en que acaba la primera y sigue con la vida de los mismos personajes a los que ya cogimos cariño en las casi mil páginas de los “Cipreses”. Así vuelve a ser la familia Alvear, en todas sus ramas, la que centra toda la novela y a la que se vuelve, a uno u otro de sus miembros durante las casi 800 páginas de este segundo libro de la trilogía.

Como he dicho “Un millón de muertos” empieza justo al día siguiente que acaba el tomo anterior y por tanto la acción aparece en el cementerio de Gerona con decenas de muertos apilados junto a las tapias, o siendo enterrados ya por sus familiares que se han acercado hasta el camposanto en silencio y casi en secreto después del estallido de rabia del día anterior en el que se cometió el Golpe de Estado Militar que acabaría con la República y llevaría a toda España a la sinrazón de una guerra fratricida. Quiero enfatizar el término fratricida para llamar a la guerra porque en la novela se ve muy bien como el conflicto al que los políticos y militares fanáticos, y analfabetos en el fondo, arrastraron a este país fue una cuestión de sentimientos y familias.

Gironella supo aunar en “Un millón de muertos” todas las visiones de la guerra: la de la República, la de los monárquicos, la de los militares, la de las diferentes facciones y familias de la izquierda, la de los empresarios, la de los ciudadanos normales, la de los religiosos, la de los extranjeros… Aunque en una entrevista el autor dijo que no quería que a esta novela, o a las otras dos que conforman la trilogía, se la considerara un enorme fresco de la guerra en el que se plasmaran todos los ámbitos de la misma, no me queda otra palabra para poder calificar esta inmensa obra literaria, esta novela ambiciosa a más no poder que puede igualar perfectamente a otras grandes obras de la literatura europea del siglo XX como “Vida y destino”, en la que se plasman todas las caras de una España convulsa que llevó a los hombres y mujeres de este país a perder la cabeza por ideales absurdos, los de un bando y los de otro.

Al ser “Un millón de muertos” un fresco tan amplio lleno de personajes, escenarios y tramas y subtramas, es complicado poder hacer una reseña sencilla de la novela. Aun así es digno de admiración que una novela sobre la Guerra Civil en su día no gustara a ninguno de los dos bandos: a los vencedores porque se habla de sus brutalidades y su injustificada causa; y a los perdedores por quedarse corta en la descripción de los crímenes de los fascistas. Esto ya no pasa y no hay novela de la guerra civil que no sea partidaria de uno u otro bando o que pase por ser objetiva no siendo más que falsa objetividad.

Es absurdo hablar de “Un millón de muertos” como una novela de signo político. No comparto esa visión que he leído en algún lado. Esta novela es un novelón en el que, gente como yo, con más tendencia progresista y socialista (aunque a día de hoy en este país esta palabra no tenga significado político real) sentimos pena con su lectura; pena y rabia. Pena porque uno se da cuenta en las páginas de esta novela como la izquierda hizo más por perder la guerra que por ganarla, ya que lo único que le importaban a comunistas, trostkistas, anarquistas, socialistas y demás facciones era quedar bien con Moscú y el mundo importándoles bien poco los españoles normales que lo único que querían era vivir tranquilos, tener que comer y en qué trabajar. Y rabia porque uno se da cuenta como el relato que se ha impuesto a día de hoy en la sociedad y en la historia que se cuenta es el de los vencedores poniendo a los fascistas militares como simples accidentes inevitables, cosa que no es así.

Dejando a un lado todas las significaciones políticas e históricas de la novela, “Un millón de muertos” tiene tantos puntos de vista diferentes que al final el lector tiene una visión global de lo que fueron aquellos tres años de guerra. Aunque es más novela que libro de historia, sí hay momento, mucho más que en los “Cipreses” es los que me he sentido un poco fuera de la narración, sobre todo cuando Gironella daba datos militares históricos, de escaramuzas, batallas, o soldados. Pero claro, todo esto es inevitable en una novela en la que se pretende dar una visión colectiva y global del conflicto para entender todo bien. Pese a esto, es soberbia la narración que en el capítulo XXI, creo recordar, hace Gironella de la Batalla de Madrid llevada a cabo en noviembre de 1936; soberbia y muy emotiva.

Quiero destacar también la visión que de la Guerra Civil se da en dos de los personajes nuevos que aparecen en “Un millón de muertos”, como son dos periodistas extranjeros que cubren el conflicto. Y es que esta visión fuera de lo que uno pudiera pensar, está llena de costumbrismo, de tópicos típicos sobre España y los españoles que, por suerte o por desgracia (yo creo que por desgracia), no hemos cambiado en 80 años. Quizá los comentarios más tristes sean los de estos dos corresponsales extranjero que veían con objetividad lo que los españoles veían con furia, odio, rencor y rabia.

Podría hablar durante páginas y páginas de “Un millón de muertos”, pero creo que sería hacer una reseña excesivamente larga. Como me pasó con los cipreses, Gironella ha vuelto a conseguir que leer una novela de 800 páginas sea algo sencillo y lleno de emociones diversas y encontradas a veces, ante las que cualquier persona con dos dedos de frente sentirá rabia e impotencia ante lo que este país y sobre todo sus ciudadanos sufrieron llevados simplemente por personas que no iban a perder nada en la guerra, ya que o la ganaron y se enriquecieron o vivieron en el exilio con relativa “tranquilidad”. A lo largo de la novela el lector que se anime con ella seguirá viendo a los personajes de los cipreses junto a otros muchos y podrá seguir o cogiéndoles cariño u odiándoles o cambiar su visión sobre los mismos.

Amor, cobardía, sinrazón, elocuencia, impotencia, felicidad, rabia, tristeza, pena, odio, miedo; todos estos sentimientos y muchos otros jalonaran la vida de la familia Alvear durante la novela y por tanto al lector que quiera leer una verdadera novela sobre la Guerra Civil escrita desde la reflexión lúcida con la que José María Gironella escribió “Un millón de muertos”, título referido a los muertos de la guerra: el medio millón que más o menos se calcula que murió y el otro medio millón de asesinos que mataron su alma.

Caronte.

miércoles, 28 de febrero de 2018

Lectura crítica: "Vive como puedas"


Los libros son siempre una válvula de escape que sirven a los lectores para evadirse, olvidar durante unos minutos (u horas, según el tiempo que se pase leyendo) los problemas terrenales del día a día y pensar en los problemas, o alegrías, o vivencias, o aventuras de otras personas, por norma general ficticias, con las que empatizamos casi sin darnos cuenta. Leer es huir de este mundo, ya sea el metro, la sala de espera de un ambulatorio, la cama de uno mismo o ajena, o la cabina de un avión, para adentrarse en otros que pueden ser tan parecidos al nuestro como distantes y diferentes de lo que estamos acostumbrados. Yo al menos leo para intentar descubrir nuevos mundos, sentimientos semejantes a los míos y que a veces no sé describir o nombrar, reírme, llorar, aprender. Leo para ser libre ya que solo leyendo uno desarrolla una de las capacidades más necesarias en el mundo, hoy más que nunca, como es la crítica; solo viviendo de manera crítica se puede conocer, se puede avanzar y se puede intentar mejorar las cosas que nos rodean.

Con “Vive como puedas” lo que he buscado, después de varias lecturas largas, profundas, intensas y ante todo enriquecedoras, ha sido desconectar de todo un poco y reírme. Y es lo que he conseguido. La risa es de las reacciones del cuerpo más saludables, más espontáneas y ante todo más necesarias. Y no es la primera vez que me pasa con una novela de Joaquí Berges, autor que por cierto descubrí hace unos meses al pararme a leer la sinopsis de otra de sus novelas que encontré en mi librería de segunda mano de cabecera; de hecho esta novela de la que hablo ahora fue la que me llevó el viernes pasado a comprar esta otra y leerla en un abrir y cerrar de ojos, ya que apenas son trescientas páginas con un estilo sencillo y desenfadado que han hecho de su lectura un gran entretenimiento.

Es muy difícil que un libro llegue al punto de hacerme reír, pero “Vive como puedas” lo ha conseguido. Pero no es solo que en varias ocasiones y gracias a su protagonista, Luis un ingeniero de mediana edad en plena crisis personal, sentimental y laboral, haya reído a carcajada limpia, sino que durante la mayor parte de la lectura de esta novela en mi cara se dibujaba una sonrisa que duraba páginas y páginas. Esto es de agradecer. Como también lo es el hecho de que la novela no solo tenga una vis cómica muy importante, sino que en muchos momentos también se vuelve seria para hacer al lector chocar con la cruda realidad de la vida, que suele mezclar siempre momentos de éxtasis con los de la más profunda y negra depresión.

Pero no hay que quedarse simplemente con que “Vive como puedas” es una novela cómica, entretenida y que genera risa fácil. Para nada. De hecho creo que aunque de manera exagerada, deformando ligeramente la realidad y caricaturizando hasta el extremo la verosimilitud, Berges logra crear una historia con la que mucha gente puede sentirse identificada, total o parcialmente (aquellos que lo hagan totalmente deberían contactar con un profesional que les pudiera explicar su caso, o directamente con Hollywood para hacer una gran comedia sobre su vida). La trama de la novela es aparentemente sencilla pero al tratar de la vida misma también alberga una complejidad sutil que solo en algunos monólogos interiores del protagonista se deja ver.

Para explicar un poco de qué va “Vive como puedas” hay que empezar por decir que toda la trama gira en torno a Luis, a quien ya he presentado antes, y su propia vida. Berges, mezclando en la narración la primera persona (a modo de diario escrito por el protagonista por las noches) y la tercera (de manera tradicional como narrador omnisciente) logra plasmar los avatares, penurias, desgracias, vivencias alocadas, y en definitiva el día a día de este ingeniero cuarentón sumido en una gran crisis que afecta a todos los ámbitos de su vida. Luis es ese personaje entrañable al que se le coge cariño y por el que se siente cierta pena a partes iguales. Un hombre al que su primo le roba la mujer, que se vuelve a casar con una vegetariana naturista extremista, que tiene un hijo pequeño con amigos robots invisibles y que hace preguntas hasta el extremo complicadas, una hijastra que bien podría ser filosofa, que tiene un amigo que es homosexual sin que él lo sepa, que tiene un futuro yerno con doble vida y una madre que le pide que todos los días anote su presión arterial y lleva un Excel con todos esos datos, como digo un hombre así es una delicia de personaje.

Aunque me quedo con Luis, todos los personajes de “Vive como puedas” aportan algo a esta desternillante comedia sobre la vida que todos llevamos. Todos y cada uno tienen caracteres que los hacen irrepetibles y entrañables y bastante personificables ya que no creo que haya mucha gente que lea esta novela y no piense que conoce a alguien que es como tal o cual personaje. Por eso esta novela es también un sutil fresco de la sociedad y sus problemas, de cómo nadie nos ha enseñado cómo debemos vivir y aun así todo el mundo nos da consejos para hacerlo, muchos de ellos contradictorios entre sí, dejando una única opción, opción que de hecho da título a la novela: vivir como se pueda. Porque solo viviendo a nuestra manera, tomándolo todo a broma, pero sabiendo que la vida va en serio y tiene buenos y malos momentos, y que el destino nos gasta bromas macabras que nos joden en muchas ocasiones, podremos intentar al menos ser felices.

Y es la felicidad lo que al final Luis busca en “Vive como puedas”, y es felicidad lo que Berges intenta transmitir en esta obra tan ligera y entretenida que uno acaba sintiendo pena por terminarla. Esta es una novela para desintoxicarse, de las que se leen rápido y de manera sencilla, que entretienen y mantienen la mente ocupada con cosas divertidas que nos hacen pasar minutos muy amenos; y por estas razones es una novela altamente recomendable. Pero al mismo tiempo toda esta ligereza, toda esta simpleza estilística narrativa y argumental, guardan un secreto y un mensaje que todos deberíamos guardarnos y aplicarnos. Ese mensaje es el de ser felices, el de vivir haciendo aquello que creamos que nos va a hacer felices, probando una y otra vez hasta que lo consigamos porque en el fondo, esta vida que vivimos como podemos acabará en algún momento y entonces ya nada se podrá hacer.

Caronte.

domingo, 25 de febrero de 2018

Lectura crítica: "Bajo cielos lejanos"


Si elegí esta novela para leer fue porque a mi madre Sarah Lark le encanta desde que empezó a leer la primera de las trilogías que se publicaron en castellano ambientadas en Nueva Zelanda y el mundo maorí. No soy yo muy dado a leer novela histórica en general, y menos aún si está ambientada lejos de Europa que es la zona que más conozco y que más me interesa en cuanto a literatura. Tampoco estoy acostumbrado a leer novela escrita por mujeres para mujeres principalmente, ya que siendo sinceros estas novelas están dirigidas mayoritariamente a un público femenino que busca historias de mujeres valientes, que sufren las injusticias de un mundo que siempre ha sido machista y que por desgracia en amplios sectores de la sociedad sigue siéndolo. Pero bueno, me dije que todo esto podía cambiar por una vez y me decidí por leer este nuevo libro de la escritora alemana afincada en la costa mediterránea española. Además, este libro tiene la ventaja de que no pertenece a ninguna de sus sagas ya empezadas y se puede leer perfectamente como un elemento independiente.

Bajo cielos lejanos” es una novela en la que presente y pasado se entrelazan para dar una historia dual protagonizada por dos mujeres: Stephanie y Marama; una alemana de raíces neozelandesas, la otra maorí pero arrancada de sus raíces por la fuerza. Stephanie es la protagonista de la historia del presente: es una periodista que trabaja en Hamburgo en la sección de sucesos de una revista y que decide emprender un viaje a Nueva Zelanda para intentar llenar de recuerdos los seis primeros años de su vida que quedaron vacíos supuestamente tras un accidente de tráfico en el que su padre murió; Marama por su parte es una hija de un jefe tribal maorí raptada o salvada de la muerte por una familia pakeha o blanca que la criaran primero como una más para luego ir haciéndola ver que no lo es. Marama y Stephanie resultan estar relacionadas por un diario misterioso que conforma a su vez la otra narración de esta novela, la ambientada en el siglo XIX en las guerras por la tierra entre colonos ingleses y nativos neozelandeses.

Debido a esta dualidad narrativa, de tiempos y espacios, “Bajo cielos lejanos” está dividida en varias partes en las que se van alternando la narración del presente, la de Stephanie y su búsqueda de su pasado, y la de Marama y su diario en la que ésta va contando su vida a lo largo de las décadas. Ambas mujeres son valientes, llenas de coraje y valor, y decididas a hacer de su vida algo intenso y relevante, siendo independientes y amando con todo el corazón. No resulta complicado para el lector pasar de una historia a otra, ya que ambas historias están bien delimitadas en la novela y además la propia estructura narrativa facilitan al lector la misión de saltar en el tiempo.

Como he señalado al principio, “Bajo cielos lejanos” es una novela principalmente dirigida a un público que busca identificarse con la historia de manera rápida y superficial; por esta razón creo que a la historia le faltan profundidad y desarrollo en sus personajes y en la propia trama. No encuentro creíble el inicio de la búsqueda de Stephanie de su pasado y el consiguiente viaje a Nueva Zelanda con la excusa de investigar unos asesinatos sensacionalistas ocurridos hace mucho tiempo en una ciudad perdida de dichas islas. Tampoco veo una conexión fuerte y bien fundamentada entre Stephnie y Marama. Me faltan explicaciones, me faltan argumentos y me faltan motivaciones para toda esta historia.

Los personajes de “Bajo cielos lejanos” son bastante planos a lo largo de la novela y a pesar de que puede haber algo de evolución en los mismos, muchos de sus sentimientos o motivaciones están muy forzados y por lo tanto son poco verosímiles; aunque soy consciente que muy probablemente al lector habituado a las novelas de Sarah Lark esta novela le llega al alma y le toque la fibra, cosa que no es difícil teniendo en cuenta que la novela está plagada de dudas, traiciones, maldades y desgracias varias que afectan tanto a la Stephanie del presente como a la Marama del pasado. Pero, aun así, sigo diciendo que muchos de estos efectos narrativos destinados a tocar y emocionar son bastante impostados y la mayoría ocurren sin mucho interés real en el desarrollo principal de la trama, que por otro lado creo que termina siendo un poco farragosa mezclando una historia del pasado con una del presente sin una conexión, desde mi punto de vista, inexistente.

Son reseñables los personajes masculinos de la novela. En “Bajo cielos lejanos” la presencia masculina tiene un sentido bipolar y sinceramente un tanto racista ya que de los cuatro que salen principalmente: Weru y Rick en el presente y Leonard y Tau en el pasado, dos son buenos y tienen muy buenas intenciones hacia las mujeres preotagonistas y dos son unos aprovechados que usan a esas mismas mujeres para sacar un beneficio personal. Y encima da la casualidad que los dos personajes masculinos buenos son blancos, mientras que los personajes masculinos malos son maoríes, cosa que, que yo sepa y es mi impresión, no es muy lógico y me chirría bastante. Como me chirría bastante las historias de amor que se entrelazan en la trama, que considero que no están muy logradas y que no me transmiten mucho.

El mayor punto positivo que le pongo a “Bajo cielos lejanos” es la recreación del mundo maorí, pero según lo que le he oído a mi madre de otras novelas de Sarah Lark, no es nuevo ni por tanto algo original en sus obras. La investigación en la historia maorí y en sus luchas tribales y contra el colono inglés están muy bien documentadas y las descripciones de lugares hace que incluso se puedan tomar parte de esta novela como buena guía de viajes con recomendaciones de sitios para visitar.

Para terminar y siendo objetivo he de decir que “Bajo cielos lejanos” es una novela que me ha dejado un poco frío e indiferente: primero porque no es una novela que haya supuesto ningún reto a la hora de leer, ya que se lee con mucha facilidad, la trama es muy lineal en ambas épocas y no tiene complicación narrativa alguna; y segundo porque no me termino de meter en la trama en ningún momento no sé si porque soy una roca de hielo sin sentimientos, porque estoy acostumbrado a novelas escritas por hombres o porque necesito novelas de corte algo más complejo tanto por tramas como por personajes. Lo que sé es que esta doble historia de mujeres que aman y toman decisiones buscando su libertad, sus orígenes y su independencia, me ha resultado floja. No obstante, creo que a quien le guste la novela histórica efectista y sentimental y los dramas familiares, encontrará en esta novela un libro entretenido.

Caronte.

martes, 20 de febrero de 2018

Lectura crítica: "Berta Isla"

Creo que con este libro me he vuelto a reecontrar con mi escritor en español favorito después de que su última novela me resultara más pesada de lo habitual y sobre todo menos interesante y adictiva que el resto de su obra. Javier Marías no me suele fallar, sobre todo con sus novelas de madurez, ya que con sus primeras obras no me dice nada, pero con la anterior a esta quedé bastante decepcionado, ya que esperaba con ganas poder leer algo reciente suyo; más aun teniendo en cuenta que empecé a leerle tardíamente, concretamente después de que ganara notoriedad al rechazar el Premio Nacional de Narrativa por “Los enamoramientos”. Sin embargo como he dicho esa penúltima novela no me gustó especialmente y la encontré más bien aburrida y sin interés real, ya que sus temas de siempre y su prosa se habían vuelto quizá demasiado impostados para resultar atractivas al lector. Desde luego a mí no me lo parecieron. Por eso esperaba con agua de mayo esta nueva novela de Marías tan aclamada por la crítica (cosa que al principio me hizo recelar).

Berta Isla” es una de esas novelas en las que la trama es algo secundario en favor de una prosa, un estilo y unas reflexiones tan elaboradas, perfectamente argumentadas y encajadas en las personalidades de los personajes que hacen que el lector se sumerja en ellas y quede hipnotizado. Y sin embargo y a diferencia de la mayoría de novelas de Marías, en este caso aunque la trama es un elemento secundario, es un secundario de lujo como se diría en el cine. En esta novela la trama sí es un elemento diferenciador y de enganche con el lector.

Rompiendo con lo que nos tiene acostumbrado Marías ha titulado esta novela con el nombre de su protagonista, Berta Isla, en vez de hacerlo con una cita de Shakespeare. Ese elemento diferenciador es el que continúa en toda la novela haciendo de “Berta Isla” una novela más de Marías y a la vez una novela única dentro de su obra. Al más puro estilo Marías esta novela se vuelve a centrar en unos ambientes, unos lugares y unos personajes (secundarios en este caso) muy familiares para el lector que sigue la obra de este eterno candidato al Nobel. Oxford vuelve a ser un elemento fundamental en la novela, su ambiente clasista, estirado, académico y melancólico. Aparecen en la novela y son elementos fundamentales en la trama Peter Wheeler y Bertram Tupra dos nombres que a los que llevamos ya años leyendo a Marías nos suenan bastante.

Y sin embargo a pesar de romper en parte sus tradiciones, Javier Marías sorprende al lector con una novela en la que vuelven a estar presentes temas de siempre en su obra. La imposibilidad de saber y conocer nada ya que todo se nos cuenta o todo lo leemos u oímos por terceras personas. La soledad que conlleva hacer lo que uno considera que por su honor está obligado a hacer. El paso del tiempo y el marchitamiento que ello conlleva. “Berta Isla” es una novela como todas las de Marías y a la vez muy diferente.

La trama principal de “Berta Isla” gira en torno a la protagonista y narradora de gran parte de la historia de las ausencias, y desaparición o casi desaparición o larga ausencia de su marido Tomás o Thomas o Tom Nevinson. Nevinson en reclutado, no sin usar todos los medios de los que tienen a mano, durante su último año en Oxford por los Servicios Secretos dado su grandísimo don de lenguas e imitación de acentos. En ese momento la relación que empezaba con Berta Isla y que tan bien pintaba empieza a enrarecerse. Tom tiene que engañar a su mujer diciéndole que hace cosas que no hace, o que no hace lo que hace, o que hace sin hacer, o simplemente guardando silencio con lo que Berta puede elucubrar cientos y cientos de opciones diferentes y teorías y justificaciones para tantas y tan largas ausencias.

Nunca se sabe a lo largo de toda la nove qué hace Tomás Nevinson, o qué deja de hacer, o qué no hace. Es Berta Isla la que nos va guiando a través de todas esas ausencias, a lo largo de 20 años de su vida en la que Tomás no es más que una sombra de sí mismo, no por no parecerse a la persona de la que se enamoró sino que como una sombre solo está cuando hay sol, siendo la vida de ambos una sucesión interminable de días nublados. “Berta Isla” es una novela sobre las ausencias y sobre cómo debemos vivir con ellas si es que somos capaces de asumirlas como algo normal no siendo normales o sin tener explicaciones de por qué se ha de ausentar uno teniendo una vida plena, o supuestamente plena.

En “Berta Isla” Javier Marías vuelve a ser ese escritor que me dejó totalmente boquiabierto y enamorado en la trilogía de “Tu rostro mañana”, libro con el cual esta novela tiene ciertas reminiscencias tanto temáticas, como argumentales, como de personajes. No voy a negar que la prosa y el estilo de Marías son a veces densos, pero es esa densidad, esa cierta musicalidad y ritmo, los que me hacen que al leer alguno de sus libros, y con este me ha pasado, me sienta mecido como en un barco en mitad de un océano o sumergido en las profundidades del mar dejándome llevar por la historia, sus personajes, sus reflexiones, sus desgracias, desdichas y pasiones.

Aunque Marías no ha querido reconocer “Berta Isla” como una novela de espías, y canónicamente no lo es, mucho tiene que ver este libro con las grandes novelas del género. Leyendo este libro a veces he tenido la sensación de que leía a John Le Carré, o quizá sería más conveniente decir a Graham Greene, por su alta carga reflexiva sobre ciertos asuntos profundos y de trascendencia vital. Clarísimas son las influencias de la novela anglosajona, y clarísimos los guiños a toda esa cultura de la que Marías es tan “fan”, por decirlo de alguna manera. Como buen traductor y profesor universitario, toda la novela está plagada de referencias al idioma inglés y a citas de autores en ese idioma (Dickens, Shakespeare, T.S. Eliot…); algo que los que solemos leer a Marías vemos casi como una tradición.

No quiero dejar pasar la oportunidad de señalar que “Berta Isla” además es una novela en la que Marías ha mezclado magistralmente la tercera persona al hablar directamente de la vida de Tomás Nevinson, con la primera cuando es Berta Isla la que narra las ausencias de su marido y su vida con y sin él y en el fondo con él siempre presente. Tampoco quiero dejar de mencionar a Peter Wheeler, ya que para mí es el mejor personaje que a día de hoy hay en la literatura en español, y del que si puedo este año en la Feria del Libro hablaré con Marías para ver si tiene pensado darle más voz en alguna novela, ya que para mí encarna a la perfección a ese personaje de novela de espías inglesa: misterioso, clasista, ambiguo, directo, claro, inteligente, irónico.

Para terminar y no enrollarme más solo diré que “Berta Isla” es para mí, y casi sin ninguna duda, la mejor de las novelas de Javier Marías. Y si no lo es al menos es de las que más me han llegado y entretenido. Además está exquisitamente escrita, la trama es muy atractiva y adictiva ya que siempre está envuelta en el misterio como todo aquello que no está claro o no se sabe o no se puede saber, y el personaje de Berta Isla es una delicia para cualquier lector, ya que termina uno empatizando con ella. Y por cierto ojo con las últimas ciento y pico páginas en las que todo empieza a dar giros que ya no se esperaban y resurgen nombres enterrados, o que se creían bajo tierra.

Caronte.